• Miércoles, abril 24, 2019

Desde la mirada etnoarqueológica estudian la vida tradicional lacustre en Michoacán

Academia Mexicana de Ciencias
Boletín AMC/023/19
Ciudad de México, 4 de febrero de 2019

  • Esta disciplina recurre a información arqueológica, etnohistórica y etnográfica para formular hipótesis sobre la vida de los pobladores prehispánicos de una determinada zona de estudio.
  • Muchas de las actividades de producción han sobrevivido a través de los siglos en los lagos Cuitzeo y Pátzcuaro en donde todavía se utilizan diferentes técnicas para pescar, incluyendo redes, anzuelos y trampas.
El tule recién cortado es transportado en una canoa en el lago de Cuitzeo.
El tule recién cortado es transportado en una canoa en el lago de Cuitzeo.
Imagen: cortesía Dr. Eduardo Williams.
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Aun cuando todas las culturas cambian a través del tiempo, algunos rasgos culturales han sobrevivido en sociedades no urbanas más conservadoras, y su análisis permite a los investigadores que emplean el enfoque etnoarqueológico formular hipótesis sobre la vida de los pobladores prehispánicos de una determinada zona.

El doctor Eduardo Williams, del Centro de Estudios Arqueológicos de El Colegio de Michoacán, señaló que las técnicas y actividades tradicionales como la elaboración de cerámica, la pesca, caza, recolección y la manufactura en contextos lacustres o la elaboración de sal (en Michoacán) —algunas de origen prehispánico— en muchos casos están siendo abandonadas o transformadas radicalmente, por lo que podrían desaparecer en el futuro inmediato, lo que privaría a los especialistas de información para entender diferentes aspectos de la cultura mesoamericana.

De ahí, que el integrante de la Academia Mexicana de Ciencias se ha enfocado en el modo de vida lacustre de las cuencas de Michoacán con el fin de estudiar las técnicas de elaboración de cerámica, canastas, redes para pescar, anzuelos, y así poder plantear una hipótesis cerca de la vida de los tarascos de Michoacán.

Para lo anterior Williams recurre a información arqueológica, etnohistórica y etnográfica. La metodología consiste en recorridos del terreno buscando evidencias de actividades humanas, tanto del presente como del pasado, así como al estudio de la cultura material y de sus usos en la producción de alimentos, viviendas, artefactos y en general objetos para la explotación del ambiente.

También revisa fuentes documentales, en especial de la época colonial, para saber algo acerca de la vida de las comunidades indígenas de Michoacán. Sin dejar de lado el estudio de las costumbres actuales de grupos no urbanos (sobre todo indígenas) que todavía tienen algunos rasgos parecidos a los de las culturas del pasado.

“Hemos estudiado la producción de sal en la cuenca del lago de Cuitzeo y en la costa michoacana. Este era un recurso indispensable para la vida del ser humano, pero la sal no se conserva en el registro arqueológico. Era necesario, entonces, identificar la evidencia material —vasijas de barro, acumulaciones de tierra desechada en el proceso de manufactura, y rasgos en el paisaje como canales o tinas de evaporación de salmuera— para saber dónde se producía este recurso”.

El doctor en arqueología por el Institute of Archaeology del University College, en Londres también ha trabajado con los pescadores y artesanos en los lagos de Cuitzeo y Pátzcuaro, para entender el modo de vida de la gente que actualmente habita la zona y de quienes la habitaron, cuyo sustento se basa en los recursos lacustres. De hecho, la palabra Michoacán significa “lugar de pescados” porque desde tiempos muy antiguos los pescadores, cazadores (de aves acuáticas, reptiles y otros animales acuáticos), y recolectores (de plantas, insectos, huevos de aves silvestres, etc.) producían alimentos y otros recursos naturales indispensables para la sobrevivencia de los pueblos prehispánicos, comentó el investigador.

Por lo tanto, la explotación del paisaje lacustre que llevaron a cabo los antiguos habitantes de esta zona fue un factor fundamental para el desarrollo y expansión del imperio tarasco durante el periodo Protohistórico (ca. 1450-1530 d. C.), tanto en la región de Pátzcuaro (que fue la sede del imperio) como en la de Cuitzeo, lo cual tuvo implicaciones para la organización política, económica y territorial de este Estado prehispánico.

Williams añadió que muchas de las actividades de producción han sobrevivido a través de los siglos en los lagos Cuitzeo y Pátzcuaro en donde todavía se utilizan diferentes técnicas para pescar, incluyendo redes como el chinchorro, una red de arrastre que se utiliza para capturar todo tipo de peces.

Un aspecto más que continúa como parte del modo de subsistencia de las comunidades que viven en las cercanía de las cuencas Cuitzeo y Pátzcuaro, aunque actualmente menos que en el pasado, es la manufactura de diversos objetos de uso diario, como el tejido de esteras de tule (Typha domingensis, Typha latifolia), llamadas petates, o la elaboración de canastos de carrizo (Arundo donax, Scirpus californicus), señaló el investigador.

Además, el doctor Eduardo Williams documentó el uso de instrumentos para tejer cestos, entre ellos, el yunque y el martillo, conocidos en el lago de Cuitzeo como “piedras de majar”, y varios cuchillos de distintos tipos.

Es así que en algunas partes de México el modo de vida lacustre tradicional ha persistido hasta nuestros días, aunque con cambios debido a los problemas en las cuencas de Cuitzeo y de Pátzcuaro, como son: la contaminación del agua, la deforestación de los bosques circundantes, la sobreexplotación pesquera y la migración hacia fuera de la región a causa de la extrema pobreza de muchos de sus habitantes.

Ante este contexto, “cabe destacar que los estudios arqueológicos, etnohistóricos y etnográficos sobre la subsistencia en entornos acuáticos nos permiten entender aspectos de las prácticas culturales más antiguas, lo cual resulta indispensable para reconstruir nuestra memoria colectiva”.

Noemí Rodríguez González.

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