• Lunes, mayo 25, 2020

En México, especies bentónicas asociadas a la costa enfrentan amenazas

Academia Mexicana de Ciencias
Boletín AMC/046/20
Ciudad de México, 01 de abril de 2020

  • Especies marinas de tallas menores a los 500 micrómetros de diámetro son raramente objeto de estudio, en ocasiones no se sabe ni el sexo de los individuos, lo que dificulta los estudios de dinámica poblacional.
  • En Yucatán, Quintana Roo y el Golfo de México se ha observado la reducción de la presencia de especies del género Emerita, particularmente Emerita talpoida, un pequeño crustáceo que antes era muy fácil de encontrar en las playas arenosas.

Emerita talpoida, un crustáceo cuyas poblaciones se ha observado que han ido disminuyendo en los últimos años en las playas arenosas de México.

Emerita talpoida, un crustáceo cuyas poblaciones se ha observado que han ido disminuyendo en los últimos años en las playas arenosas de México.
Fotografía: Cortesía del investigador

Los organismos bentónicos forman parte de la fauna y flora que utilizan el fondo marino como sustrato (ya sea roca, arena o limo) o que dependen de éste en alguna etapa de su ciclo de vida. Habitan en aguas interiores como ríos y lagos, en ambientes de transición como estuarios; y en ambientes marinos, divididos en el ambiente litoral o zona de costa, y el ambiente oceánico, el cual comienza a los 200 metros de profundidad.

Los ecosistemas bentónicos, y en especial los invertebrados que habitan en ellos, constituyen el objeto de estudio sobre el que se ha enfocado el doctor Pedro Luis Ardisson Herrera, del Departamento de Recursos del Mar, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), Unidad Mérida.

“En los sustratos suaves, que en nuestro país son dominantes porque la mayor parte del litoral de México está compuesto por playas arenosas, la principal amenaza para las especies bentónicas es la contaminación, ya sea por la actividad económica de puertos, por la construcción de dársenas, zonas de abrigo o playas turísticas en donde transita la gente”, explicó el investigador.

Las personas piensan que las playas son ambientes inertes, de acuerdo con Ardisson Herrera, pero son ambientes muy ricos en vida sólo que no se ven porque la arena, a diferencia de la roca, es un sustrato suave que puede ser colonizado por la flora y la fauna en sus tres dimensiones: largo, ancho y profundo. Un organismo bentónico se puede enterrar en la arena, cosa que no puede hacer tan fácilmente en la roca.

“Inclusive los hoteleros para hacer más atractivas las playas las aplanan, las rastrillan y limpian, de tal manera que van quedando playas muertas, al menos en el sentido de la macrofauna y macroflora que las habita. Con el tiempo, las playas terminan perdiendo la diversidad de especies que tienen. Si nos vamos a bahías naturales, la contaminación como el vertimiento de desechos en los centros urbanos, la acumulación de desechos, va causando un deterioro en el largo plazo”.

En ese sentido, el integrante de la Academia Mexicana de Ciencias ha observado en sus monitoreos de las especies que habitan los ambientes someros —la línea de 0 a 200 metros de distancia perpendicular a la línea de playa— que la especie Emerita talpoida, un crustáceo anomuro, carente de cola como la que tienen los camarones, y que es conocida popularmente como wech, ha reducido considerablemente su presencia en las playas arenosas de Yucatán, y su situación puede ser indicadora del deterioro que están sufriendo muchas otras especies.

“Hace unos años era muy fácil hallarla con escarbar un poco en la arena. En el Golfo de México, yendo hacia Veracruz y Tamaulipas, Emerita talpoida es reemplazada por otra especie del mismo género, E. benedicti, y es posible que lo mismo ocurra si nos desplazamos hacia Quintana Roo, con E. portoricensis, aunque esto último no está comprobado”.

Explicó que E. talpoida es una especie muy sensible al deterioro físico de la playa por causa de la actividad humana, en particular por la modificación de su fisiografía, por el transporte de arena, la creación de escolleras creadas con la intención de evitar la erosión de playas, acción que no solo no logra su propósito sino que lo agrava, y por la construcción de casas habitación o veraniegas muy cerca del límite de playa, invadiendo la zona federal marítima terrestre convirtiendo de facto las playas públicas en privadas, sin que ninguna autoridad esté aparentemente prestando atención a este problema.

“En conjunto, todo esto indica que el ambiente de playa está siendo alterado. En el Laboratorio de Bentos del Cinvestav estamos estudiando este problema desde hace varios años, con el propósito de caracterizar la calidad de los ambientes de playa y documentar cómo la calidad del hábitat está cambiando, pasando de ser un ambiente de vida óptimo a uno subóptimo, representando una fuente de estrés para las especies y conduciendo, en el peor de los escenarios, a una pérdida de biodiversidad”.

La E. talpoida es el objeto de estudio de dos tesistas de doctorado del Laboratorio de Bentos que dirige Ardisson Herrera en el Cinvestav, quien subraya la urgencia de conocer mejor a las especies bentónicas que habitan los ambientes someros porque es en donde se concentra la mayor biodiversidad y donde se registra el mayor deterioro ambiental, “el peor de los escenarios que puede ocurrir es que se deteriore más rápido el ambiente de lo que los científicos lo puedan estudiar”.

Las especies bentónicas


Las especies marinas de tallas menores a los 500 micrómetros de diámetro son raramente objeto de estudio, en ocasiones no se sabe ni el sexo de los individuos, lo que dificulta los estudios de dinámica poblacional.

Las especies marinas de tallas menores a los 500 micrómetros de diámetro son raramente objeto de estudio, en ocasiones no se sabe ni el sexo de los individuos, lo que dificulta los estudios de dinámica poblacional.
Fotografía: Cortesía del investigador

Dado que constituyen una gran diversidad de especies, están los grupos porifera constituidos por esponjas; annelida o gusanos poliquetos; arthropoda o crustacea; cnidaria o corales; echinodermata o estrellas y pepinos de mar, y mollusca compuesta por pulpos y calamares. Los hay pequeños, de menos de 63 micrómetros —una micra es la milésima parte de un milímetro—, otros alcanzan tallas considerables como el molusco bivalvo del Pacífico Tridacna de dos metros de diámetro.

El investigador indicó que a menos de que sean especies de interés económico o estético, poca atención se les pone, incluso en el mundo académico. “Pero son especies importantes porque se encuentran en las bases de la cadena alimenticia. Los arrecifes de coral constituyen una barrera natural contra la erosión en zonas costeras, lo mismo que las comunidades de manglar. Las lagunas costeras y estuarios, ambientes marinos muy cerca de la costa, proporcionan refugio para la vida animal y vegetal”.

Añadió que estas especies crean heterogeneidad espacial, fomentan la productividad biológica natural, crean zonas de estabilidad hidrodinámica, fomentan, estimulan y mantienen la salud de los océanos reciclando la materia y la energía, evitando las zonas de anoxia, reoxigenando el sedimento; además de que proveen de alimento a otras especies marinas, manteniendo el flujo de las cadenas tróficas, y constituyen una fuente inagotable de biomateriales y de productos de interés biotecnológico para la actividad humana.

No obstante, poco se sabe de especies de tallas menores a los 500 micrómetros de diámetro. “La mayor parte de las especies, y las que constituyen la mayor biodiversidad, son de talla inferior y en ocasiones no se sabe ni su sexo, lo que dificulta los estudios de dinámica poblacional. Los invertebrados que tienen un ciclo de vida complejo, con fase larvaria y fase adulta, en la fase larvaria miden micrómetros y no suelen ser objeto de estudio. Ahí tenemos un gran cuello de botella para el conocimiento”.

Luz Olivia Badillo

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