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CIENCIAS Y HUMANIDADES MEXICANAS BENEFICIADAS CON EL EXILIO ESPAÑOL

Academia Mexicana de Ciencias
Boletín AMC/110/14
México, D.F., 31 de marzo de 2014

  • Las contribuciones de los refugiados españoles en disciplinas científicas como física, química, biología, matemáticas y medicina, entre otras, fueron de un alto nivel tanto en la docencia como en investigación: Mari Carmen Serra Puche
La doctora Mari Carmen Serra Puche, coordinadora de la Cátedra del Exilio Español de la UNAM e intregrante de la Academia Mexicana de Ciencias, durante su participación en el homenaje a Gilberto Bosques Saldívar.
La doctora Mari Carmen Serra Puche, coordinadora de la Cátedra del Exilio Español de la UNAM e intregrante de la Academia Mexicana de Ciencias, durante su participación en el homenaje a Gilberto Bosques Saldívar.
Foto: AMC.
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La llegada de españoles republicanos a México en lo que se conoció como el Exilio Español, que inició en 1939, tuvo entre sus aportaciones la integración de científicos de diversas disciplinas a las instituciones de educación superior mexicanas, contribuyendo al conocimiento científico y humanista del país.

“México recibió a poco más de 20 mil refugiados españoles que llegaron a un país decididamente antifascista en el contexto internacional (…) Asimiló a un grupo de científicos, académicos, catedráticos, docentes, técnicos, entre otros, de reconocida trayectoria que se integraron al desarrollo estabilizador mexicano”, recordó Mari Carmen Serra Puche, durante el homenaje a Gilberto Bosques, en el marco de los 75 años del Exilio Español.

Habló del impacto que tuvo el éxodo español en la ciencia, en las humanidades y en el arte el cual fue realmente excepcional.

“Ellos (los republicanos) venían influidos por los códigos de un ideario laico y democrático en el que la República se convirtió en un proyecto moral más que político, en algo que terminó siendo coherente durante su exilio, porque vivieron vidas de trasterrados en lo cotidiano, sin estridencias, haciendo su trabajo, cuidando a sus familias y entregados a las instituciones académicas que los acogieron”.

Serra Puche dijo que los exiliados españoles se abrieron camino diariamente para ganarse la vida, además contribuyeron, “como lo dijo el poeta Pedro Garfias, con España presente en el recuerdo, a la mejor tradición de las instituciones académicas, a la preservación y a la difusión del conocimiento”.

De acuerdo con la antropóloga, los científicos mexicanos conocían bien el valor de sus colegas españoles, ya que desde la época de la República española había una estrecha relación académica entre ambas naciones. Un gran propulsor de ello fue el español Tomás Gutiérrez Perrín, quien impulsaba el intercambio de estudiantes de una nación a otra.

Explicó que México, a pesar de contar con una incipiente industrialización hacia las primeras dos décadas del siglo XX, se perfilaba como un país que fomentaba en sus instituciones educativas el desarrollo de científicos que destacaran en el ámbito latinoamericano y, por eso mismo, cosechaban redes académicas internacionales.

La investigadora destacó que esta llegada de científicos españoles republicanos coincidió con la creación de otras instituciones educativas de carácter nacional como el Instituto Politécnico y el Instituto Nacional de Antropología e Historia y su Escuela Nacional de Antropología; así como la Casa de España (1938), y el Fondo de Cultura Económica.

Para la coordinadora de Vinculación Institucional de la UNAM e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, “fueron buenos ciudadanos en un país que los acogió con gran generosidad, fueron excelentes científicos y humanistas”.

De los poco más de 20 mil exiliados españoles que llegaron a México -como resultado de la Guerra Civil Española (1936-1939) y posterior establecimiento de la dictadura franquista-, siete habían sido rectores en universidades españolas durante los años republicanos y a ellos se agregaban exiliados que se habían significado en sus diversas disciplinas diarias de investigación, entre ellos se encontraban Jaume Serra i Hunter, José Gaos y José Puche.

“La repercusión de los académicos en México y en disciplinas científicas como la física, la química, la biología, las matemáticas y la medicina, entre otras, fue de un alto nivel tanto en la docencia como en la investigación”, explicó.

Un ejemplo de lo anterior, dijo, es la capacitación que ofrecieron los médicos “quienes contaron con las invaluables enseñanzas de profesores como Santiago Ramón y Cajal, Pío del Río Ortega y Juan Nebrín.

El exilio español y la UNAM

Mari Carmen Serra Puche, coordinadora de la Cátedra del Exilio Español (creada en 2007) en la Universidad Nacional Autónoma de México, sostuvo que la propia máxima casa de estudios recibió y se benefició con el talento de muchos de estos maestros y artistas que dedicaron sus vidas a engrandecer el acervo científico, artístico y cultural del país.

“En 1940 un grupo de exiliados montaron un laboratorio de estudios médico-biológicos que funcionó como un proyecto tan digno que después se convirtió en lo que hoy conocemos como el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM”.

Otros ejemplos de esas aportaciones en la UNAM que citó la investigadora son: El Jardín Botánico “Faustino Miranda”, biólogo español encargado de la elaboración y ejecución del proyecto; el Instituto de Física nombró su biblioteca “Juan Bautista Oyarzábal” en honor del físico originario de Málaga que llegó también con el exilio español; el edificio anexo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (de reciente creación 2011) “Adolfo Sánchez Vázquez”, entre otros.

Y la misma Cátedra que representa Mari Carmen Serra Puche, un proyecto universitario conformado por la UNAM, LA Universidad de Alcalá, la Universidad Carlos III, la Universidad Nacional de Educación a Distancia y la Fundación Pablo Iglesias, de la que destacó su labor editorial.

Miriam Montserrat Gómez Mancera

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